
Todo el mundo, bueno los cinco o seis visitantes diarios, habrán deducido por el título que voy a hablar de política, pues no. Hoy toca sexo, y del duro.
Tiempo atrás yo tenía un éxito relativo con el bello sexo, hasta que me convertí en un repulsivo engendro mal oliente. Como yo ya no podré poner nunca más en práctica mis conocimientos sexuales, excepto con alguna incauta alimaña del bosque, he decidido compartirlos con las nuevas generaciones.
Comenzaré con el sexo anal, pues hoy en día está muy de moda, o sino que se lo pregunten a Miguel Sebastián, que está todo el día dando por culo. No lo digo literalmente, pues este supuesto lo desconozco.
La técnica de encular debe de ser diferente dependiendo de la relación que tengáis con vuestra pareja.
Si se trata de un royo de una noche, mientras estáis penetrándola vaginalmente, debéis probar a acariciar el ano, osease el ojete, de vuestra pareja. Si todo va bien, introducid un dedito, y si no se queja, ¡A saco! Como Martínez Pujalte en sus intervenciones en la cámara de los diputados. A partir de ese momento podrán suceder tres posibles supuestos que dependerán en gran medida de vuestro atractivo físico y del tamaño de vuestro miembro.
Si sois guapetes y os mide menos de 15cm, es probable que consigáis terminar el coito sin mayores problemas.
Si sois normalillos y os mide de 15 a 20cm, seguramente os pida que no seáis tan ratas y os gastéis parte de vuestro salario en vaselina, como seguramente hace el señor Cerolo.
Por último si os mide más de 20cm o sois feos como el culo de la Pantoja, es casi seguro que esa velada acabe con una sonora hostia en toda la vuestra jeta.
En cambio si tenéis una relación estable y duradera, tal como la que mantiene el rey con su afición cinegética, el procedimiento cambia radicalmente.
Tendréis que convencer a vuestra pareja previamente, y si no es posible sobornarla. (Aquí no utilizaré una de esas ya pesadas metáforas políticas, pues sería demasiado fácil).
Una vez que habéis vencido su posible resistencia, no sería mala idea que os hicieseis con un enema, ya que sino corréis el riesgo de poneros de mierda hasta el cuello, como “presuntamente” se está poniendo il señore Fabra en Catellón. Estos higienizantes aparatitos los venden de usar y tirar en las farmacias o unos que son para toda la vida en los sex shops. Yo os recomiendo poner más de uno, ya que sino puede haber sorpresas tan desagradables como el “accidente” de la T 4.
Después debéis dilatar un poco el pequeño agujero de vuestra pareja con los dedos y la ayuda de vaselina u otra sustancia pringosa. Por último, engrasaros bien el rabo, y… ¡al hoyo! Pero con cuidadito. Yo recomiendo meterla primero entera y no moverla, y una vez que vuestra chica, chico, oveja o cabra no se queje empezar a darle caña. Si lo hacéis correctamente y vuestra pareja os deja repetirlo a menudo, su capacidad de encaje habrá mejorado y no necesitareis más que una gota de saliva para dejarle los esfínteres más sueltos que la moral de la Corulla, vamos según dice Jiménez Losantos (que no lo digo yo, mira que esta tía es abogada)
Bueno espero que esta guía sobre como clavarla donde no luce el sol os sirva de ayuda en algún momento de vuestras vidas. Lamento las constantes alusiones a algunos políticos, pero es que empiezo a hablar de dar por el culo… Asociación de ideas será.
Además en otros tiempos, justo antes de eyacular pesaba en figuras políticas y “reales” para que mi excitación disminuyese y así pode aguantar unos minutos más. El gran problema de esta técnica es que ahora cuando pienso en el sexo me vienen a la cabeza semblantes como el de Ángel Acebes, Joaquín Almunia, la infanta Elena, Jordi Pujol y el bueno de Arzallus.